Libertinos - Liberales Sociale
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-- Tu espalda --
Publicado en:20 Enero 2021 6:49 am
Última actualización en:20 Enero 2021 6:53 am
13 vistas

-- Tu espalda --

Abro el grifo, cierro lo ojos y dejo caer el agua sobre mi cabeza, ese gesto tan común que hacemos todas las mañanas que se supone nos sirve para regresar del mundo de los sueños pero que desde hace un tiempo me lleva a tu lado. Mientras con gestos mecánicos me enjabono con los ojos cerrados mi mente me transporta a tu lado, en realidad a tu espalda...

Apoyas tus manos sobre las mías en tus caderas, sientes mis labios en tu cuello y encaramada en los zapatos de tacón tus piernas parecen bailar y hacer equilibrios mientras te retuerces y ronroneas como una gatita mimosa, pegando tu espalda contra mí. Me inundo de tu dulce perfume según recorro tu cuello, desde tu hombro hasta tu oreja, atrapo el lóbulo entre mis labios y lo voy soltando muy despacio a la vez que lo acaricio con mi lengua que paseo luego por tu nuca después mientras sujeto en mi mano tu cabello en una improvisada coleta. Eres tú la que lleva la mano a la cremallera del vestido cuando, después de un suave mordisco, un placentero escalofrío recorre tu espalda y eriza tu piel, y siguiendo tu impulso soy yo el que baja lentamente la cremarella y empuja el vestido hasta tus caderas hasta dejar tu espalda desnuda.

Mis manos recorren tu espalda y te abrazan para adueñarse de tus pechos. Tú te inclinas ligeramente y a la vez que tus pechos se vierten en mis manos, noto como aprietas tus nalgas contra mi entrepierna mientras empujas el vestido que termina de caer al suelo cuando cimbreas cadera y piernas como un junco mecido por el viento. Avanzas un paso saltando sobre el vestido, y en la inercia del movimiento te tomo de las manos y las levanto hasta que alcanzas la pared. Sientes mi boca en tu cuello, mi pecho en tu espalda, y mis manos en tus nalgas deslizando los dedos bajo la tela de la braguita humedecida que hacen a un lado. Y te sorprendes cuando sin esperarlo sientes mi verga rozándose contra los labios de tu coñito mojado, que se entreabren cuando nuestras caderas comienzan a ondular en una asincronía que te va llenando toda. Giras tu cara y se buscan nuestras bocas, nuestras lenguas, y dejo que tu cuerpo felino sea el que marque tu ritmo acompasando una segunda ola en mis caderas. "Más" me dices de pronto, "te quiero sentir, más adentro" repites, y sin separarnos nos movemos hasta que caes sobre el reposabrazos del sillón, con la visión de tu maravilloso culo en pompa, apoyada en tus tacones, abres más las piernas para sentirme llegar bien dentro de ti. Mis manos recorren tu espalda y se agarran a tus caderas, para que en cada golpe de ariete me sientas llegar un poco más a ti. Y te aprietas contra mí, pegas tus nalgas a mis caderas, y tus gemidos coinciden con el roce de tus pezones contra el asiento del sillón cada vez que tu cuerpo se siente llenar de deseo, de pasión, de verga...

...antes de poder salir de la ducha, tengo que volver a enjabonarme y aclararme con un chorro de agua fría que me permita no pensarte por un rato y cumplir esas dichosas obligaciones de todos los días.

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-- El color de la alegría (Colour of Joy) --
Publicado en:18 Enero 2021 5:07 pm
Última actualización en:20 Enero 2021 3:28 am
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-- El color de la alegría (Colour of Joy) --

No se si realmente era así o me engañaban los sentidos, pero sentía que el tacto de su piel era distinto a cualquiera que había experimentado antes, como si su piel tan pálida fuera más fina y delgada, y las pecas que cubrían casi todo su cuerpo se alteraran al paso de mi mano y borbotearan contra las yemas de mis dedos.

Ya antes de conocernos, las pocas veces en que me cruzaba con ella despertaba en mi una fascinación tremenda, como si aquel rabioso color rojizo de su melena fuera el canto de las sirenas que emulando a Odiseo había que resistir con inaudito estoicismo. Cuando coincidíamos en el autobús, durante todo el trayecto tenía la mirada clavada en ella, atraído por el fuego de su pelo y absorto, como quien mira un firmamento estrellado en noche de luna nueva, haciendo recuento en el mar de pecas que cubrían sus brazos y cara. Y me preguntaba intrigado como serían aquellos pequeños pechos que las más de las veces se marcaban procaces bajo su ropa reclamando la atención de todos. Tan solo si su mirada se cruzaba con la mía, en un ataque mezcla de timidez y prudencia, apartaba la vista por un instante. Quien me diría en aquellos momentos que el tiempo haría que viviéramos momentos tan gozosos.

Porque sentir su cuerpo era más que disfrutar, apenas nos rozábamos sentía un hormigueo recorriendo mi piel y el deseo de unir nuestros cuerpos desnudos, tan distintos. Era una atracción mutua e inevitable, como se atraen las cargas eléctricas de polos opuestos pues solo un fenómeno físico podría explicar y ser la causa de tanto deseo y pasión, que en cada encuentro nos llevaba a quitarnos la ropa con urgencia, hasta que una vez desnudos mi cuerpo tosco, de piel morena y muy velludo, contrastaba con violencia junto a su delicada piel, moteada como un felino. Mis manos recorría su cuerpo, sus piernas, sus nalgas, acariciaba su piel, y agarrabas tus pequeños pechos que al instante reaccionaban haciendo brotar y crecer sus pequeños pezoncitos rosados. Solo entonces, le gustaba que los pellizcara entre mis dedos hasta que dejaba escapar un pequeño grito de dolor que calmaba rodeándolo con mis labios y humedeciéndolo de saliva. Todas nuestras citas se iniciaban con este ritual no escrito, prendiendo la llama de nuestros cuerpos. A partir de ahí se desencadenaba una batalla sin guion movida solo por el ansia de encontrar el placer del otro y que terminaría cuando nuestros cuerpos exhaustos y sudorosos, impregnados de los aromas del otro, yacieran sin fuerzas el uno junto al otro, ella boca abajo y mis dedos imaginando y dibujando constelaciones sobre su piel.

Y todavía hoy, cada vez que una mata rojiza se agita frente a mis ojos y descubro un rostro pecoso que revive su recuerdo, no puedo evitar sentir un cosquilleo en mi mente y que mis dedos se muevan en el aire recorriendo y contando las constelaciones que recorrían su piel.

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-- Escucharte --
Publicado en:11 Enero 2021 1:19 am
Última actualización en:20 Enero 2021 6:53 am
467 vistas

-- Escucharte --

Escucharte, escuchar tu voz, tan dulce, tan sensual, casi un susurro junto a mis oídos, casi puedo sentirte a mi lado, como lleva el aire desde tu boca a mis oídos, se agita con cada leve suspiro que dejas escapar entre tus labios

Escucho tu voz y sigo tus palabras, y siento que puedo alargar mi mano hasta tus pechos desnudos, tan deliciosos, los acaricio y noto tus pezones excitados, duritos, y los atrapo entre mis dedos, aprietas tus labios y como una tímida invitación dejas escapar un placentero "mmmmmm", y presiono mis dedos que sientes cómo se aprietan contra tus pezones, una sensación placenteramente dolorosa que lleva una suave corriente por todo tu cuerpo hasta que percibes como una gota de tu dulce néctar resbala entre tus piernas y tus labios se despegan en un suspirante "auuch". Y siento tu mano en mi cuerpo, tus dedos acariciando y bajando por mi pecho, demorándose caprichosa en su camino, hasta sentir la turgencia de la carne que sabe le pertenece, cierras tu mano sobre mi verga y sientes la firmeza y la tensión de la carne hecha deseo, atrapada en tu mano.

Envidiosa, mi mano abandona tu pecho, y se desliza despacio entre tus piernas, acariciando tus muslos hasta sentir las gotas del rocío que desprende tu flor más intima. Atrapada tu boca en la intensidad de un beso caníbal, se apaga a mis oídos el suspiro que quiere escapar cuándo tus labios se aprietan aún con ahínco contra los míos, y tu lengua serpentea y se frota contra la mía.

¡Qué rico! Me gusta, me gustas.
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-- Retrato de una dama --
Publicado en:22 Deciembre 2020 2:58 am
Última actualización en:20 Enero 2021 6:53 am
2130 vistas

-- Retrato de una dama --

La mujer cubista, te dije un día. Por tus múltiples personalidades, algunas forzadas que iban y venían, aparecían y desaparecían al voluble capricho de otros, pero siempre contigo dentro presente como un faro. Por tus múltiples facetas, un poco como todos por aquí aunque no las de todos son interesantes, eso sí, no todas accesibles por cualquiera , un privilegio que me otorgaste sin conocerme, puramente basado en tu intuición. El privilegio de descubrir a una dama, educada, responsable, segura de sí misma, incluso una madre fuerte y luchadora que seguro muchos hubiéramos querido, con una exquisita vocación por la conversación sazonada por ese dulce acento y tono de voz, amante de las palabras, apasionada lectora, ilustrada y a su vez creadora de versos, en rima o en prosa, capaz de expresar sus emociones, sentimientos, anhelos, y también esas pequeñas frustraciones que ensombrecen como un velo turbio el alma más pura.

Y una cara siempre sin rostro replicada con un matiz distinto en las múltiples personalidades. Una visión reducida e incompleta, pero con una hermosura y poder de atracción que hubiera equivocado al mismo Newton. Complementada con un torrente de palabras, creadoras de sentimientos, una impresión estática de deseos ausentes, pasiones pasadas y emociones futuras capaz de emocionar a su lector; y siempre una mirada curiosa en el entorno, buscando conocer y descubrir al opuesto, sus excesos, sus torpezas, su belleza y sus virtudes, y quien sabe si…, quien sabe.

Y en la confianza otorgada, revelar otra faceta más a superponer en este retrato poliédrico que se proyecta en un único plano, una revelación del yo sensible, del yo sensual, abierto, libre, capaz de disfrutar y con necesitad de disfrutar. Qué muestra a esa mujer capaz de sentir y expresar pasiones y deseos tan intensos, de dejarse llevar en el momento que el cuerpo, el corazón, la pasión, el deseo, reclaman el control para descontrolar la mente y dejarse llevar por los instintos, abrirse a las sensaciones más placenteras, que como un volcán se excita, genera e irradia tensión, la acumula para reventar en un estallido de gozo y desbordar su fluido interno, y despliega un terremoto interno que hace palpitar el cuerpo recorrido por ondas de placer, capaz de un espectáculo de réplicas hasta quedar exhausto. Una mujer fuerte, autosuficiente, pero que también desea complementarse con el deseo del otro.

Para quien no comprenda: Ni trofeo ni banderas que agitar. Retrato de una dama. Para quien merezca recibirte: un premio, una pasión, una bendición...
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-- Deliciosa intensidad --
Publicado en:18 Deciembre 2020 3:05 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:52 am
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-- Deliciosa intensidad --

Deliciosa intensidad es esa forma en que nuestros labios se buscan, y nuestras bocas se funden y se confunden la una en la otra, en que recorremos y marcamos el cuerpo del otro, como depredadores apropiándonos de cada poro, cada vello, cada recoveco, cada gota y cada esencia.

Deliciosa, porque saboreamos cada aroma de nuestra piel, el gusto de cada rincón, cada matiz cambiante según nos vamos inundando de placer, según nos entremezclamos y compartimos, y arrastramos las esencias por todo el cuerpo. Esa intensidad en la forma de besarnos, devorándonos el uno al otro como si fuera la última vez, dejando huella de nuestros labios, de nuestros dientes,

Es deliciosa y es salvaje, es primitiva, porque nos dejamos llevar por nuestros instintos más primarios, para percibirnos con todos los sentidos, nos tocamos y sobamos, vemos nuestros cuerpos excitados, vemos la mirada perdida del otro, se llenan nuestros oídos de jadeos, del sonido del roce de nuestros cuerpos, choque de , olores cambiantes que desprenden nuestros cuerpos, y un festín pantagruélico de placer, con la boca llena del otro , la saliva impregnada en la piel y confundida en un cóctel de jugos imposibles, y en el entrevero de esos dos cuerpos que rivalizan y batallan por darse placer, dos bocas que son una y se buscan una y otra vez
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-- Duermevela --
Publicado en:15 Deciembre 2020 7:00 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:52 am
2912 vistas

-- Duermevela --

Abro los ojos súbitamente y regreso de la profunda placidez en que me había sumido. Antes de que mis ojos se hagan conscientes del entorno, mi mente se apresura a adivinar cuanto tiempo he estado perdido en esa otra realidad donde los sentidos están ausentes, soy consciente de que no debería estar dormido pero mis ojos empiezan a reaccionar a la luz y no acierto a aproximar el pecado de mi ausencia. Lo primero que llena mi mirada es tu boca, tus labios, labios de fresa, de rojo intenso que un instante antes se han posado sobre mis parpados, y cuando ves como mi rostro se llena de culpa y confusión, un rayo de luz parte en dos la intensidad del rojo y me inundas con tu eterna sonrisa.

Con un dedo aplacas mi intento de hablar, no es momento de palabras, y después peinas con delicadeza mi barba y dibujas mis cejas como hacías mientras cuidabas mi duermevela. Levanto la vista y busco tus ojos que reflejan la alegría de tu sonrisa y la ternura de tu gesto.
Como una pequeña sacudida, mi mente despierta al verte y empieza a recuperar los estímulos del resto de sentidos. Alcanzo a oír el roce de tu piel entre las sábanas, y entre el olor de deseo, casi animal, que domina el ambiente me llega como notas sueltas en una partitura el aroma de tu perfume que todavía persiste en tu piel. Además de tus dedos en mi cara, siento tu cuerpo junto al mío, y cuando te acomodas ligeramente, siento el roce de tus piernas con la mía, tu vientre en mi cintura y tus pechos sobre mi brazo y apretándose contra mi pecho.

Alargo mi brazo izquierdo hasta acariciar tu nuca, hundo mis dedos entre tu pelo, y arqueas y mueves tu cabeza como una gatita mimosa para sentir mi mano toda alrededor. Apenas un parpadeo, y siento después en mi boca de nuevo el sabor de tus labios, besos dulces y frescos, que van tornando en intensos renovando el regusto latente que aún permanecía en mi boca. Antes de que pueda intentar acomodarme para estar frente a ti, te has sentado a horcajadas sobre mí y apoyada sobre mis muñecas me besas con frenesí, mientras con un suave balanceo siento tus pechos deslizarse sobre mi pecho y tus caderas descienden hasta que siento tu pubis humedecido tomando posesión del estandarte conquistado...
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-- Un cambio --
Publicado en:27 Noviembre 2020 1:13 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:53 am
3291 vistas

-- Un cambio --

Con todas las restricciones y precauciones que había que tomar no volvimos a hacer intención de vernos hasta que la situación no se calmara lo suficiente y ambos nos sintiéramos razonablemente seguros, por muy gozoso que pudiera ser teníamos claro que no merecía la pena que por un azar del destino resultara ser la última vez. Después de tanto tiempo en barbecho reencontrarnos aquel día casi parecía una nueva primera vez.

Llegué al café donde nos habíamos citado, el mismo en que nos vimos por primera vez y donde habíamos quedado por última vez meses atrás, buscando tu melena entre las cabezas de la gente que estaba allí sentada. Ahora que todavía seguimos todos forzosamente embozados se hace dos veces necesario encontrar primero esa característica que define a cada uno a primera vista, antes de que nuestra mirada y nuestra mente confirmen en los detalles que hemos encontrado a quien buscábamos. No te encontré, no encontré tu melena, y contrariado barrí de nuevo con la mirada todas las cabezas del local sin éxito. Sin embargo, sabía que tenías que estar, un asunto de última hora en el trabajo me había retrasado, y cuando te avisé que llegaría algo más tarde me contestaste que tú ibas adelantada, estabas a punto de llegar y me esperarías leyendo. Achaqué al cansancio mi incapacidad de encontrarte, y siendo como somos animales de costumbres, me encaminé hacía la zona del local donde solíamos sentarnos mientras sacaba el teléfono para avisarte de mi llegada. Antes de enviar el mensaje levanté la cabeza y busqué de nuevo, ni rastro de tu melena, pero al volver la vista sobre el teléfono una mirada, que se dejaba ver entre una mascarilla y un flequillo que cubría la frente, se cruzó con la mía y cautivó mi atención. Una mirada intensa, penetrante, de hermosos ojos oscuros, una mirada casi felina que no dejaba de observarme curiosa y que torno en gesto alegre cuando por fin te reconocí en esos ojos, y viste cambiar en los míos un gesto entre resignado y ofuscado por una mirada que aunaba alegría, sorpresa y estupidez a un mismo tiempo. Conforme me acercaba a la mesa en la que te sentabas, la sonrisa que anunciaba tu mirada bajo la mascarilla devino en una contagiosa carcajada que me hizo reír a mí también. Me senté a la mesa y por respeto a la todavía obligada profilaxis "sanitaria" evitamos cualquier contacto.
- Qué gusto verte otra vez
- ¿Tanto tiempo pasó que ya no me reconoces? - preguntaste con un tono irónico
- Cómo eres... buscaba tu melena y obviamente no la encontraba. Y luego entre la máscara y el nuevo corte de pelo... me podías haber ayudado con un gesto.
- Quería ver tu reacción - y mientras movías la cabeza añadiste - ¿Te gusta?
- Un cambio inesperado. La verdad: - dije mientras llevaba mi mano a tu cabeza como si sopesara tu nuevo corte y aprovechando para poder tocarte y sentirte de nuevo - te queda muy bien
- Echaba de menos tu mano - dijiste mientras retorcías y frotabas la cabeza y cuello en torno a mi mano como una gatita, y yo te devolvía la caricia
- Yo tu cuerpo...
De pronto, te retiraste la mascarilla y apuraste tu taza de un trago, antes de volver a ponerte la omnipresente mascarilla con una pícara sonrisa y un beso dijiste: "Terminé mi café. Vámonos ya".

Hundí mis dos manos en tu cabello, y lo acaricié entre mis dedos mientras atraía tus labios a los míos, tu boca a mi boca, y en cada beso nos redescubríamos con ansiedad, como si fuera la primera y la última vez, hasta casi perder la respiración. Ahora sí, apenas se cerró la puerta, en la intimidad de tu casa y a salvo de miradas ajenas, éramos todo contacto, recuperábamos el tiempo perdido, el dulzor de los besos, y hasta aprendíamos a respirar. Así, mientras nuestra respiración se acompasaba al ritmo de los besos, más intensos que nunca, mis manos corrían bajo tu vestido y se agarraban a tus nalgas, sentían la suavidad de tu piel y el calor de tu cuerpo, extrañado tanto tiempo, que empujaba contra el mío, sentía su carne mientras las apretaba entre mis dedos, y se abrían hasta tragarse la tela de tu braguita. Y tus manos se hicieron un hueco entre nuestros cuerpos, que se juntaban y apretaban igual que nuestros labios, hasta deslizarse bajo el cierre del pantalón buscando mi verga que se convertía por momentos en el cetro de mi masculinidad que tus manos agarraban y recorrían a lo largo haciéndose su dueña. Nos desnudamos con lentitud y torpeza, tal era la necesidad que nos teníamos que lo hacíamos con la urgente impericia de dos primerizos, tropezando en broches, cierres y botones mientras el pasillo nos conducía a tu dormitorio, así hasta por fin poder caer desnudos sobre tu cama y fusionar nuestros cuerpos en nuestro deseo y placer...

Cuando desperté, tu cuerpo todavía sudoroso y cautivo del sueño yacía junto al mío, me enredé entre tus piernas y posé mi mano izquierda en tus caderas, mientras los dedos de mi otra mano acariciaron y peinaron dulcemente tu cabello hasta que una sonrisa llenó tu rostro y muy lentamente fuiste abriendo los ojos
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Publicado en:19 Noviembre 2020 3:57 pm
Última actualización en:21 Enero 2021 8:59 am
3056 vistas

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-- Nadie como tú --
Publicado en:14 Noviembre 2020 6:43 pm
Última actualización en:19 Enero 2021 9:53 am
3342 vistas

-- Nadie como tú --

Sería por lo escaso de los encuentros, por lo intenso, o por lo efímero de la relación, sería porque cada vez que nos veíamos parecía la primera vez (en realidad esto no es cierto, la frase suena bien pero cada vez que nos veíamos no parecía la primera vez, sino que nos deseábamos más porque nos conocíamos más, y mejor) y a un mismo tiempo la última, pues nunca sabíamos cuando podríamos volver a vernos, podía ser a la semana siguiente, que siempre era nuestro mayor anhelo, o pasar más de un año como cuando llegó la maldita pandemia y nos alteró la vida a todos y quedamos como náufragos atrapados cada uno en nuestra isla de la cotidianeidad.

Por una, o por todas esas razones, cada vez que nos veíamos, cada vez que nos vemos, porque este tren todavía sigue su curso aunque no sabemos cuándo llegará la próxima estación en la que apearnos, cada estación, cada encuentro, cada cita, ha sido un momento único de placer y gozo como antes no lo habíamos vivido. Así nos ha sucedido, uno tras otro, desde nuestro primer encuentro, un primer encuentro antecedido de una y cien charlas en las que nos fuimos revelando y despertando el deseo del uno por el otro, que nos llevaron a encontrarnos como extraños pero desearnos como viejos amantes en un recuentro, y enseguida reconociéramos nuestros íntimos deseos a la vez que nos íbamos descubriendo por primera vez. Descubriendo el tacto de nuestra piel, el sabor de los besos, el olor del deseo, la atracción de un cuerpo por el otro, encontrando y sintiendo sobre la piel el camino que hasta ese momento solo habíamos recorrido e imaginado con palabras. Y nos buscamos con la complicidad de ese deseo previo compartido, y lo encarnábamos, sí, lo hacíamos carne, carne y placer de todos esos deseos antes imaginados, y descubríamos que sentíamos y gozábamos mucho más allá de lo imaginado

Y aquí seguimos, en este año infinito que parece no terminar nunca, un año que no sabemos cuántos meses va a tener ni cuándo va a terminar. Y cada vez que nos hablamos nos deseamos más que nunca, evocamos los recuerdos de las citas pasadas, el deseo con el que nos encontramos la primera vez, la excitación de la memoria del contacto con la piel, el calor y la humedad de tu cuerpo. No puedo recordar el olor de tu cuerpo, quisiera, pero no me ha regalado la naturaleza ese don, y sin embargo cuando pienso en ello, en como tus aromas me inundaban y mi cuerpo reaccionaba, el deseo de sentir tus aromas llenándome otra vez, aunque no tengo tu olor siento la reacción pavloviana de mi cuerpo lleno deseo por ti. Nada hay que evoque más todos esos momentos pasados, y los que están por venir, como cuando me dices: "nadie me ha follado como tú", de la misma forma que me dijiste a la mañana siguiente después de nuestro primer encuentro, nuestra primera cita, y que dio pie a muchas más. Todo mi anhelo en ese momento es que de mi mano vuelvas a sentir todo ese gozo y placer.

En esta vigilia sin final conocido, en este ayuno y abstinencia forzoso, aireamos recuerdos y memorias que no sirven para aplacar, ni mitigar, el deseo y necesidad actual del uno por el otro, sino que lo enciende más hasta enfermarnos de necesidad.

"Y viceversa", pienso, y te digo: "Nadie como tú".
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-- Rojo intenso --
Publicado en:8 Noviembre 2020 7:48 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:53 am
3451 vistas

-- Rojo intenso --

De rojo intenso, apasionado y cargado de deseo, de esos que dejan marcado para siempre al que lo recibe.

Porque un beso de tus labios siempre deja su huella, y no me refiero a ese resto de carmín con el que las tías, añosas de espíritu, dejaban marcados los carrillos de sobrinos y otros familiares con su entusiasmo, sino una huella invisible en la superficie pero que penetra y permanece dentro de uno. Una huella en la memoria cargada de sensaciones.

Ora sea un casto beso de agradecimiento que dejará el recuerdo de sinceridad y agradecimiento verdadero, ósculo sincero alejado de la banalidad y superficialidad con que algunas personas riegan de falsos besos y vituperios a cualquiera con el que se cruza sin entender su verdadero significado. Porque en un beso, hasta en el más sencillo y casto, uno siempre desnuda una parte de su alma y de su ser, de su querer y su deseo. Ora, y mejor, un beso en los labios, que nunca es uno, pues a cada uno le sigue otro como dulces uvas en un racimo esparciendo su dulzor a cada mordisco, hasta que tornan ansiosos en besos lúbricos, húmedos, cargados de deseo. Son besos que despiertan el cuerpo, lo encienden y lo calientan, como el fogonero alimenta con paladas de carbón la caldera de la locomotora, eleva la temperatura y la presión hasta mover el pistón, luego la rueda y luego todo el tren. Así, a cada beso, más intenso que el anterior, despiertan los cuerpos de los amantes que se rozan, se buscan, se abrazan, se frotan, se entrelazan, se inflaman, sienten el deseo creciente de uno por el otro y necesitan más, buscan su desnudez, el tacto de una piel contra otra. Entonces derrumbamos el muro de la ropa que nos ahoga, nos conquistamos e invadimos de desnudez el uno al otro, y mutuamente exploramos nuestro deseo.

Y de ahí, tus labios cargados de deseo y pasión pueden explorar todos los territorios del cuerpo, los más visibles, los más visitados, los más ignotos y los más deseados, como terciopelo dejar una caricia en la nuca y el cuello, recorrer una espalda hasta que se pierda su nombre, transformarse en la boa que devora mi cuerpo excitado hasta hacerme perder la consciencia y hacerlo fluir, y húmedos tus labios, rebosante tu boca, subir hasta mi boca para compartir el fruto que moja tus labios. Y es recíproco porque el deseo de tus besos es contagioso y como un virus multiplica y propaga en mí el mismo deseo de recorrer tu cuerpo con mis labios, que no son tan rojos, ni dejan esa huella indeleble, pero te desean con la misma fuerza. Y son caricias en la nuca, en tu cuello son suaves mordiscos, casi imperceptibles, son dulces mordiscos y tentáculos con ventosas en tus pechos que se inflaman, aún más, de ardor y deseo. Son un hambre casi animal en tu sexo hasta hacer brotar tu placer a borbotones, y empapados mis labios de tu dulce néctar mojar tus labios y compartir tu dulzor más íntimo. Mientras quedan sellados de nuevo los labios en un profundo beso, mezclando sabores ajenos a ellos, arrastrados por el deseo se unen nuestros cuerpos, se ajusta el uno al otro y se acoplan en un movimiento solidario...
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-- Apareció -- [ a lo mejor (II) ] --
Publicado en:26 Octubre 2020 8:43 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:54 am
3834 vistas

-- Apareció -- [ a lo mejor (II ) ] --

¡Qué extraña relación! Si es que realmente se la podía llegar a llamar así. Digo extraña por imposible. Cómo sucede con muchas empezó de una de forma casual intercambiando comentarios en los respectivos blogs de una página de contactos. Aunque se presupone que los que se curioseamos por allí tenemos interés es tener una cita, un encuentro sexual, la dificultad de obtener una, los blogs y otras herramientas daban pie a otro tipo de relaciones cuando la distancia lo convertía casi en un imposible, o simplemente hacía coincidir a aquellos que solo tenían curiosidad por compartir con otros en una situación afín a la suya. Aunque luego resultara difícil dar con alguien en similar circunstancia dada la cantidad y lo disparejo de las situaciones de cada quien, pues había, y sigue habiendo, por allí solteros hedonistas, solteros desesperados, divorciados rehaciendo su vida, masturbadores compulsivos, cornudos despechados, hedonistas varios, quienes engañan a su pareja, o quienes buscan lo que su pareja no les da, buscadores de vicios perversos o simplemente curiosos, e incluso había quien creía que podría encontrar al amor de su vida. Y donde he dicho solteros, divorciados, casados y cornudos, etc. incluye por igual a solteras, divorciadas, casadas y cornudas, etc, si bien es cierto que entre los que engañaban a su pareja predominaban los del género masculino, como más de una me recordaba regularmente.

Casi sin quererlo nos habíamos convertido en lectores y comentaristas habituales de nuestros respectivos blogs, pese a ser de naturaleza muy distinta: curioso, humorístico, hasta introspectivo, pero siempre inteligente el suyo, y más fabulador el mío. Hasta tal punto que parecía que una publicación estaba huérfana hasta que no recibía el comentario del otro, unas veces interrogante, otras inquisidor, otras con una seductora doble intención... Esta era nuestra relación hasta que un día me agregó en un chat ajeno a la página que yo incluía, con poco éxito, como forma de contacto alternativa y comenzamos a hablar con regularidad, ahora sí en privado sin otros lectores adicionales como sucedía en los blogs. Aunque seguíamos leyéndonos y comentando en nuestros respectivos blogs, fue en estas conversaciones que tendían a alargarse donde descubrimos intereses comunes, una muy distintas formas de ser y enfrentar el mundo y las relaciones, y sobre todo aprendimos a conocernos, a tolerarnos y casi sin darnos cuenta también a desearnos. Nuestro nexo con la página hacía casi inevitable que curioseáramos y nos interrogáramos sobre nuestras preferencias y vida sexual, nuestras tribulaciones en la página con unos y con otras, y nuestras anhelos y expectativas, e incluso que a pesar de mi situación personal que ella no compartía, por despertar ese deseo mutuo que cada vez más habitualmente daba lugar a lúbricas conversaciones y excitación que cada quien debía apagar por su lado, hasta soñar con un momento en que poder hacer real uno de esos encuentros virtuales.

Sin embargo, por mucho que lo deseáramos, estábamos predestinados a no conocernos en persona, al menos en el corto o medio plazo, además del ancho océano que separa nuestros respectivos continentes y que ya nos limitaba las posibilidades de un posible encuentro, la situación personal de cada uno, obligaciones familiares en mi caso y profesionales en el suyo, hacía prácticamente imposible que alguno de los dos pudiera hacer un viaje que le acercara hasta el otro y permitiera esa cita tantas veces imaginada. A pesar de ello, quizás por la cercanía que nos daban nuestras charlas, vivíamos la ilusión de un encuentro imposible que recreábamos algunas noches.

- Hola, ¿Estás ocupada? - Era mi entrada habitual, dada la diferencia horaria no era raro que todavía siguiera trabajando cuando yo me quedaba solo y podía conectarme.
- Hola, apenas, ando terminando. Me das unos minutos.
- Claro. Háblame cuando termines, espero por aquí
Escribí, y encendí la televisión para entretener la espera hasta que sonara el aviso de llegada de su mensaje.

- Lista. Tengo que decirte algo.
- Dime. Con toda confianza y franqueza.
- Como siempre
Iba a contestar de inmediato, pero al ver como el chat indicaba que estaba escribiendo esperé a que terminara de aparecer su mensaje. Me extrañó porque tardaba más de lo habitual en ella, y al contrario que me pasaba a mí, siempre era muy rápida y directa en sus contestaciones. Por fin apareció el mensaje, mucho más corto de lo esperado por el tiempo.
- Estoy en Madrid
- ¿En Madrid? ¿En mi Madrid? - repliqué sorprendido e incrédulo
- Sí, en TU Madrid - contestó añadiendo una sonrisa muy grande al TU resaltado en mayúsculas, riéndose de mi posesivo
- No me habías dicho nada. ¿Acabas de llegar? ¿Cómo no me has avisado?
- No te quise decir nada. No sabía si ibas a poder quedar...si querrías verme...
- Pues claro que querría, querría y quiero verte.
- ¿Y si no podías?
- Ya sabes que si se quiere se puede sobre todo con tiempo
- No quería venir cargada de ilusión para luego desilusionarme. Ni yo misma sabía si de verdad quería verte
- ¿Y quieres?
- No te hubiera dicho que estoy aquí si no quisiera

Cuando abrió la puerta de su habitación, en penumbra e iluminada al contraluz por una pequeña lámpara, apenas pude distinguir su melena rubia y que llevaba puesto el albornoz del hotel. Enseguida dio dos pasos atrás para permitirme entrar y cerrar la puerta y su cara quedó iluminada, nada más cruzarse nuestras miradas esbozamos casi al unísono una sonrisa, una mezcla entre alegría y un "por fin",
- Hola - me dijo con la suave melodía de su dulce acento
- Qué gusto verte - dije yo, mientras estiraba mi mano buscando acariciar su cara, buscando reconfirmar que no era un sueño ni fruto de mi imaginación, y allí estábamos los dos.
Desde ese momento nos sobraron las palabras, y dejamos que hablaran nuestros cuerpos. Al sentir mis dedos en su mejilla, apretó su mano contra la mía, y llevó la otra mano hasta mi cara y nos fuimos acercando hasta unir nuestros labios. Se sucedieron, uno tras otro y sin parar, pequeños besos en los que al separarnos atrapábamos y saboreábamos los labios del otro para volver a unirnos, hasta que nos sellamos en un beso profundo, intenso, húmedo. Y al calor que llenaba mi cuerpo, vinieron a mi mente todas esas charlas en que como pirómanos nos hacíamos arder en deseo.

Desaté el cinturón de su albornoz y acariciando sus hombros lo empujé hasta dejarlo caer, y descubrir su cuerpo solo cubierto por la ligera tela de un camisón corto contra el que se marcaban sus pechos y sus pezones excitados. Enseguida yo estaba sin camisa, y sus manos buscaban bajo el pantalón el bulto que había sentido apretarse contra su cuerpo mientras nos besábamos. Dejé caer un tirante de su camisón hasta desnudar uno de sus pechos. Lo acariciaba, lo agarraba, sentía como se derretía en mi mano y volvía una y otra vez. Cuando su mano, agarrada firmemente y sin soltarla, sacó mi verga del pantalón me dijo: "Cuantas ganas tenía de sentirte en mi mano..." y nuestras bocas se buscaron de nuevo, y nuestras lenguas se retorcieron frenéticamente entre sí. Sentíamos el deseo del uno por el otro, la necesidad de sentir el contacto de la carne, el calor del otro cuerpo. Nos quitamos las prendas que todavía nos cubrían, y desnudos nos acercamos hacia la cama, pero antes tomó mi mano y la llevo entre sus piernas para que sintiera como su deseo y excitación se licuaba empapando mis dedos de sus jugos que escurrían. Le mostré mis dedos mojados y los llevé a mi boca, pero antes de que pudiera saborearlos me arrebató mi mano y los metió en la suya, y después con un profundo beso me regalo el sabor de sus jugos concentrado en su boca. Esa noche exploramos la geografía de nuestros cuerpos e inventamos y aprendimos cada ruta de nuestro placer, recorrimos cada rincón oculto y lo saboreamos, nos sentimos, nos acariciamos, nos agarramos, nos follamos y nos abrazamos, y nos mojamos el uno del otro. Registramos el deseo del otro y no nos detuvimos hasta convertirlo en gozo y placer, hasta creernos extasiados y buscarlo de nuevo, hasta convertir la imposible cita virtual en inevitable e inolvidable. Y única, algo que no sabía cuando llegué, porque al amanecer me confesó que ese mismo día tenía billete de vuelta.

Sería por lo escaso del encuentro, por lo intenso, o por lo efímero, pues no sabíamos si volveríamos a encontrarnos de nuevo en alguna otra ocasión, pero aquél ha pervivido de forma vívida en la memoria de ambos, en la mente y en la memoria de los sentidos, un momento único que revivimos de cuando en cuando en nuestras charlas virtuales mientras en silencio suplicamos al destino otra oportunidad.
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