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--- Te quiero comer... (y II ) --
Publicado en:26 Mayo 2020 5:34 pm
Última actualización en:28 Mayo 2020 1:39 pm
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--- Te quiero comer... (y II ) --

... después mordisqueas mi oreja, la atrapas entre tus labios, la chupas, luego mi cuello, y tu mano arrastra mi mano, primero hasta tu cintura, y después sobre tus braguitas amoldándola a la sensual convexidad de tu pubis.
"¿Aquí?" susurras apretando tu mano sobre la mía que acomoda los dedos entre los pliegues que forman tus labios e ingles. Libero mi mano para deslizarla bajo tus braguitas, sentir la suavidad de tu piel, el calor y la naciente humedad que rezuma entre los labios de tu coñito, y cuando tu mano vuelve a apretarse sobre la mía, y siento como se pega en el dorso de mi mano la tela de las braguitas ya húmedas, contesto: "No, aquí". A lo que tu cuerpo replica arqueándose mientras nuestras manos se adueñan de tu dulce tesoro.

Con el sabor de tus besos todavía en mis labios busco cumplir mi capricho y tu deseo.

Mis manos recorren tus piernas arrastrando las braguitas hasta sacarlas por tus pies, enrolladas sobre sí mismas y como un aperitivo del festín que viene las acerco hasta mi nariz para sentir la fragancia que ha impregnado la tela. Aunque no soy capaz de acertar a describirlo con palabras si reconozco en ese perfume tu marca privada, ese olor tan tuyo, tan personal y único como una huella dactilar que provoca una llamada a arrebato en mi mente y mi cuerpo.

Ahora mis manos desandan el camino, acariciando tus piernas, tus muslos, hasta llegar a tus caderas. Siguiendo el rastro, mis labios se guían hasta su destino haciéndose sentir en todo el camino. Cuando mis manos se detienen en tus caderas y se aferran con intensidad, marcándose la presión de los dedos sobre tu piel, entreabres las piernas para acomodar mi ya ansiada llegada. Primero un beso, dulce, suave, que se hace más intenso conforme acerco más mi cara y sientes rozar mi barba contra tu piel, y presiono mi cara entre tus piernas. Después, lentamente, un largo e intenso lametón, recorriendo todo a lo largo los labios de tu coñito que se abre como una flor mientras tu fragancia me inunda. Un gesto que repito varias veces, desde tu culito hasta tu clítoris, y en ese ir y venir los labios ceden a la presión y se entreabren, y mi lengua se impregna de los jugos que rezuman de su interior. Y cuando deslizándose alcanza y presiona sobre tu clítoris una ola de calor y un escalofrío recorren tu espalda al unísono.

Cómo si hubieran sido creados la una para el otro, mi boca se acopla y adueña de tu coño: de los labios oscurecidos e inflamados, de los jugos que fluyen desde su interior y se desbordan sobre mí, en mi boca, de tu clitoris sensible e hinchado que palpita y que empuja por salir cuando mis labios lo rodean y succionan. La flor de tus labios se despliega y aletean atrapados en mi boca como una mariposa furiosa.
Tu cuerpo se contrae, y luego se arquea, se estira, se retuerce, y mis manos se aferran a él cómo el escalador se agarra al único saliente del que pende su vida, tu boca aprieta los labios con fuerza que solo se separan para dejar escapar un gemido tras otro, y tu piel erizada transpirando deseo y placer, se perla de gotas de rocío.
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-- Te quiero comer... --
Publicado en:15 Mayo 2020 6:48 pm
Última actualización en:26 Mayo 2020 5:31 pm
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-- Te quiero comer el coño --

Llego sin avisar y te encuentro sobre la cama. Imaginaba que iba a encontrarte desnuda sin embargo noto que has aprovechado para cortarte el pelo, y deduzco que al llegar, después de quitarte sólo el vestido, te has tumbado sobre la cama y te ha vencido el cansancio de la interminable semana. Y así te encuentro, profundamente relajada, aún vestida con esa combinación negra que en ti resulta pura sensualidad.

Me acerco a contemplarte en esa casi eterna placidez que te inunda, los párpados cerrados, relajados, los labios ligeramente entreabiertos en el arranque de una sonrisa, un brazo estirado sobre tu cabeza y el otro sobre tu cuerpo dejando descansar la mano sobre tu vientre. Me siento a tu vera, sin tocarte, con precaución de no perturbar ni alterar tu descanso, sin embargo tu sexto sentido, la intuición femenina, quien sabe qué, te avisa de la presencia del invasor y al abrir los ojos y descubrirme mirándote, me devuelves la mirada acompañada de tu sonrisa infinita, que ahora sí dibujan expresivamente tus labios rojos mientras llevas una mano hasta mi cara. "Qué agradable sorpresa", me dices.
Muy despacio, con dos dedos, retiro un mechón rebelde de tu cara y beso tus párpados y luego tus labios, ahora sí, sin peligro de perturbar tu sueño, acaricio tu mejilla con el dorso de mi mano, tu hombro, tu brazo

"Tengo un capricho", te digo, a lo que respondes con un leve gesto invitándome a seguir. Me acerco hasta tu oído y casi susurrando te digo: "Te quiero comer coño". La mano que tenías en mi cara se desliza hasta mi cuello para impedir que me mueva, y acercar mi oído a tus labios: "Es justo lo que necesito", me replicas y prosigues: "Es tuyo, pero solo si lo haces son pasión. Con pasión animal, que sea casi salvaje..." a la vez que tu mano que reposaba sobre el vientre tira de la sedosa tela hacía arriba descubriendo por completo tus piernas...
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-- Eternamente sensual --
Publicado en:17 Abril 2020 9:29 am
Última actualización en:9 Mayo 2020 5:10 pm
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-- Eternamente sensual --

Eternamente sensual. Sensual y excitante. Vestida o desnuda, vestida y desnuda.

Y ahora, casi desnuda, frente al espejo veo tu cuerpo reflejado, tu piel transparente, suave y delicada sobre la que se deslizan mis dedos. Con ese gesto tan tuyo, tu mano parece querer sostener tu pecho sintiendo entre las yemas de tus dedos la rugosidad del pezón endurecido, y como se posan y se deslizan las mías.

Yo, adorante, en una liturgia de pasión y deseo, pego mi cuerpo a tu espalda y se deslizan mis manos por tu cuerpo, desde tus caderas, abrazando tu vientre, sintiendo como lo que antes era una visión, etérea, se encarna en torno a mis manos, se hace cuerpo se hace carne, se hace pecado.
Pecado sobre tus pechos, que entre mis manos se convierten en tetas, y lo convierten a uno en panadero o alfarero para llenarse las manos de ellas, y amasarlas, y darles forma y dejar que tomen la forma de mis manos. Y mientras, mi cuerpo toma la forma de tu espalda, y mis labios el sabor de tu piel sobre la nuca.

Dejas escapar un suspiro, un gemido, de tus labios y vuelves la cara ofreciéndome tu boca de labios rojos a la que se pegan mis labios. Y siento tu cuerpo excitado, tu piel erizada, la turgencia de tus pechos, tus labios enrojecidos bajo el carmín, y un rocío de sudor que transpira por tus poros. Y siento la excitación y el deseo en mi cuerpo pulsante contra tu cuerpo, deseando ser liberado en ofrenda para ti, embriagado de tu sensualidad.

Eternamente sensual, eternamente tu.
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-- El regalo de Carola --
Publicado en:13 Abril 2020 4:53 pm
Última actualización en:29 Mayo 2020 4:47 am
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-- El regalo de Carola --

No identifiqué el número en la lista de llamadas, pero al abrir el buzón de voz ese inconfundible acento no dejaba lugar a la duda y te señalaba como culpable. Me habías comentado tu intención de viajar, y que tenías planes para la vieja Europa, incluso me "amenazabas" repetidamente con dejarte caer por mi tierra pero no pensaba que estuviera sucediendo en ese instante.

Y no es que no lo deseara, pero siempre lo había considerado como algo lejano, bastante improbable, y que más bien formaba parte de tu juego de seducción, donde como el pescador se lanza el cebo, el engaño, y la presa desconcertada por el deseo y lo real corre rauda hasta quedar atrapada en el anzuelo que solo siente cuando aparenta retirarse a disfrutar del manjar. En realidad no hacía tanto tiempo que nos tratábamos, aunque veníamos siguiéndonos desde un tiempo antes en la distancia del voyeur, pero se había establecido una confianza y deseo mutuo, con conversaciones, mensajes e intercambios de fotos , que a veces hacía parecer que eramos viejos amantes.

Tu mensaje, cargado de siseantes eses que se cimbreaban en tus palabras como tu cuerpo curvilíneo, aunque cargado de misterio por lo que depararía no podía ser más claro: Hotel, habitación y hora, una cita para dos. "Te esperaré ansiosa bebé", dijiste antes de colgar. Reorganicé alguna de mis tareas para salir temprano del trabajo, e inventé una tarea urgente e inaplazable que me ocuparía hasta tarde, para quedar libre de toda obligación para la cita vespertina. Llegué ligeramente adelantado, e hice un poco de tiempo antes de subir a la habitación donde encontré una nota en la puerta: "Pasa sin llamar y no digas nada. Eres bienvenido y libre."

Empujé la puerta y pasé al fondo de la habitación, ligeramente en penumbra, donde una ola luz que bañaba la cama guió mis ojos hasta descubrirte desnuda. De medio lado, ligeramente recogida sobre ti misma y ofreciendo las nalgas a la vista del recién llegado, yo. Antes de que pudiera saludarte con un sencillo hola me siseaste para que mantuviera el silencio, y después tu mano se deslizó por tu muslo hasta alcanzar la nalga y abrirla mostrando un regalo dentro de otro regalo, como quien abre una Matrioska.

En más de una ocasión habíamos fantaseado con situaciones similares, pero la inesperada sorpresa del recibimiento había dejado mi mente bloqueada, aletargada, casi paralizada. No así mi cuerpo, que inmediatamente reaccionó ante la visión de tu cuerpo desnudo tornando el letargo e incredulidad en deseo, deseando sentir el tacto de tu piel y sintiéndose prisionero en su despertar bajo la tela del pantalón.

Cuando las yemas de mis dedos tocaron tu piel una ráfaga de deseo golpeó mi mente, como una bofetada, devolviéndola a la realidad de ese momento, y olvidada la incredulidad y sorpresa inicial nos dejamos llevar por un guión no escrito que ambos conocíamos.

Mis manos se deslizaron a lo largo de tus piernas sintiendo la suavidad de tu piel en cada caricia, torneando tus muslos como el alfarero crea la línea curva ideal, el volumen perfecto en cada vasija, ninguna igual a otra pero todas perfectas al sentirlas entre sus manos. Dibujaron la linea de tus caderas y la redondez de tus nalgas. Las acariciaba, las agarraba, las amasaba, las hacía mías, y según mis manos se llenaban de tu cuerpo, la excitación crecía dentro de mi, se proyecta hacía fuera, y clamaba por ser liberada.

El aroma que ya manaba entre tus piernas me atrajo como el néctar a las abejas, sin perder rumbo. Llevé a mis labios dos dedos empapados de tus jugos y acto seguido mi cara se perdió entre tus piernas saboreando los jugos que se escurrían de tu coñito, hasta que una ola de placer recorrió tu cuerpo. Tu piel que sentía en la yema de mis dedos, se erizó por doquier, tus pechos se contraían duros, y un escalofrío recorrió tu espalda hasta golpear en tu mente, y tu cuerpo comenzó a agitarse al mismo ritmo de los gemidos que escapaban de tu boca y llenaban mis oídos. Apenas fue el principio...
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-- "Te necesito dentro, ahora mismo" (Tremenda II) --
Publicado en:3 Marzo 2020 3:18 pm
Última actualización en:13 Abril 2020 4:53 pm
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-- "Te necesito dentro, ahora mismo" --

Tu respuesta, urgida de necesidad de mi, me excita aún más si cabe de lo que ya estaba después de contemplar como apaciguabas la llamada de tu cuerpo frente al espejo.
Mis manos sobre tus pechos, se aferran con pasión, haciéndolos suyos como el panadero que trabaja la masa o el alfarero el barro, sintiendo como se adaptan al seno que forman mis manos y se quieren escapar cuanto más aprieto y se cierra el espacio, o clavo mis dedos en ellos. Percibo la dureza de tus pezones enardecidos y sobreexcitados. Engordados e inflamados en su búsqueda y necesidad de placer casi arrancándose de su lugar natural y tirando de todo el pecho. Mis labios bajan hasta tu cuello desnudo, y mientras recorren cada pulgada hasta tus hombros con un tacto suave, casi tierno diría, me embriaga y llena el aroma de tu cuerpo.

Bendecida con cosas bonitas, me dijiste alguna vez. Bonitas, sabrosas, hermosas, excitantes... pienso para mí mientras te siento entre mis manos y mi deseo se aviva como las llamas del fuego cuando es atizado. Y así, avivado y encendido, lo notas contra tu cuerpo, presionando bajo la tela de mi pantalón y apretándose entre tus nalgas.

Tus manos, que hasta hace un momento solo pensaban en tí, cambian su destino y se deslizan entre nuestros dos cuerpos para crear un equilibrio. Buscan el roce metálico de la hebilla del cinturón y lo desabrochan con la urgencia del que se quita unos grilletes, empujan el pantalón que se resiste a caer por la presión de mi excitación. Siento entonces la humedad de tu néctar en tus manos mientras se afanan hasta liberar mi sexo que salta como un resorte y queda firme como un mástil entre nuestros cuerpos. Aprieto de nuevo tus pechos entre mis manos, y las tuyas responden sobre mi deshaciéndose casi con rabia de las prendas que tanto estorbaban a tu propósito.

Apoyas tus manos contra la pared, e inclinándote entreabres tus piernas marcándome el siguiente paso. Mis manos se posan sobre tus caderas y emparejo mi pelvis con la tuya pegándome a tus nalgas, me acomodo entre tus piernas y notas la presión sobre tu coño y como se abren sus labios cediendo paso a mí polla que ayudada por la humedad que empapa tu coño se desliza frotando sus paredes hasta clavarse entera llenando tu coñito hasta el fondo, y como un acto reflejo un suspiro escapa de tus labios.
Un suspiro, un gemido, que se repite cuando en un pausado pero rítmico vaivén sientes tú coño vaciarse y volverse a llenar de nuevo, cada vez con más intensidad
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-- ¿Es a mí? --
Publicado en:12 Febrero 2020 1:38 am
Última actualización en:18 Abril 2020 5:06 pm
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-- ¿Es a mí? --

Brillante, radiante, como no vas a llamar mi atención, como no voy a querer pensar que te diriges a mí entre toda la masa. Aunque me sienta invisible, aunque parezca uno más en la masa, el deseo de captar tu atención hace que me haga receptor de tu llamada quienquiera que fuera el destinatario.

Una llamada que como un fuero real me de derechos imposibles para otros.
Que otorgue a mis manos el privilegio de ser las que te desnuden, las que te despojen de tu ropa y entregarme tu intimidad, y a mis ojos el de la visión de tu cuerpo, a mis labios el sabor de tu piel.
Para que permitas a mis dedos posarse sobre tu piel, sentir su suavidad, la quebrada sensación del incipiente vello, o la transición a la rugosidad de los pezones erizados al recorrer tus pechos. Dejar a mis manos medir la voluptuosidad de tu cuerpo, piernas, caderas, nalgas, vientre, pechos, dando forma al espacio que forman mis manos para las que se ha roto la veda de recorrer tu cuerpo, coto de caza de sensaciones, y terra ignota para el cartógrafo curioso por cada mínimo detalle.
Sentir que mis dedos, después de un leve roce, se impregnan del calor y humedad de tu pubis, de su aroma y fragancia, y llevarlos a mis labios, y de ahí a tus labios...

Que tu mano anfitriona sea notario del efecto que tus ojos adivinan provoca esta llamada y los privilegios otorgados. Dando fe de la perdida de plasticidad y creciente turgencia que anida en mi entrepierna. Que la tome, la hagas tuya, y me arrastres donde mi deseo hace rato que me llama. Y sea en una noche infinita, hasta un amanecer que no quiera llegar en que se mezclen sensaciones, caricias, fluidos, que se enreden las piernas y se anuden los brazos, que se suelden las bocas y se acoplen y engarcen los cuerpos plenos de deseo.

- ¿Es a mi?
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-- Sweet dreams? --
Publicado en:29 Enero 2020 3:28 pm
Última actualización en:3 Marzo 2020 3:26 pm
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-- Sweet dreams? --

Helada mañana de Enero. Acurrucado bajo la sabana noto como el invierno se cuela Dios sabe por donde y el frío me golpea la cara, no es para tanto, me digo, pero hiela hasta las ideas. Será la soledad. Como si fueran microscópicas agujas de hielo deslizándose sobre la nariz, cruzando el ceño que se frunce infructuosamente tratando de cerrarles el paso, y desde ahí buscan desperdigarse por el resto del cuerpo. Acurrucarse y enrollarse sobre uno mismo no sirve, solo le abre el paso al frío allá donde todavía estaba vedado. Me giro para darle la espalda y cerrarle el paso con ese gesto que lo quiere negar e ignorar. Abro los ojos antes de que el frío los congele y no me deje volver a abrirlos.

Sigo la trayectoria de un tenue rayo de sol que como en un cuadro se cuela por una rendija de la ventana y me lleva hasta tu rostro que descansa sobre la almohada. Abro más los ojos para cerciorarme que los sentidos no se engañan fruto del deseo y me muestren la cruda realidad. Pero sí, es tu cara, todavía con los ojos cerrados y un gesto relajado transmite una paz que se diría infinita, la que redescubren mis ojos abiertos.

Me acerco un poco más hasta ti buscando romper esa barrera invisible de hielo que me tenía atrapado, el calor de tu cuerpo se difunde y desvanece el invierno bajo las sábanas. Mi mano se estira, se despereza y busca bajo la sabana hasta encontrar tu mano, que inmediatamente se cierra sobre la mía. Te miro fijamente, con detenimiento buscando un gesto, pero tus parpados siguen inmóviles. Sin embargo tu mano arrastra mi mano sobre tu cuerpo desnudo en una larga caricia desde el vientre hasta tu pecho, y la sigue guiando, y la oprime sobre tu pecho, que al tacto de mi mano parece querer erguirse solo. Sólo entonces entreabres los parpados y esbozas una sonrisa mientras te giras hasta quedar frente a mi. "Tuve un sueño", me susurras. Tu pierna se encarama y enreda sobre la mía, y ahora guías mi mano entre tus piernas que se queda cautiva al sentir tu sexo húmedo...
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-- Tremenda --
Publicado en:25 Enero 2020 11:50 am
Última actualización en:3 Marzo 2020 3:26 pm
3697 vistas

-- Tremenda --
Te vas quitando la ropa y tu piel, hasta ese momento protegida, despierta se vuelve de nuevo sensible al tacto intermitente de tus manos que se deslizan a lo largo de tu cuerpo despojandote de cada prenda.

Hoy te sientes especialmente sensible, y cuando estas casi completamente desnuda compruebas parada frente al espejo como tus pezones se aprietan sobre sí mismo e incluso pareciera que tiraran hacia arriba de los pechos que se muestran tersos y turgentes. Eres capaz de ver como tu piel se eriza ligeramente al sentirse acariciada por el roce de tus uñas o las yemas de tus dedos. Sientes la necesidad de unas manos sobre tu cuerpo. Con un gesto rapido te recoges el pelo y después tus manos rodean tu cuello. Siguen su camino y se deslizan por tu pecho, se amoldan a la redondez de tus tetas, las acarician, las sopesan, las oprimen entre sí pellizcando con dos dedos los pezones que endurecidos no se dejan deformar. Cierras los ojos y sientes que son otras las manos a las que dejas abusar con placer de tus pechos. Una de tus manos baja acariciando tu vientre hasta toparse con las braguitas, la única prenda que queda sobre tu piel, y se desliza bajo ellas, suavemente, primero dos dedos hasta que toda la mano se encarama y recubre el monte de Venus buscando el centro del universo de tu placer (con permiso de tu mente). Entreabres las piernas dejando vía libre a la mano que se escabulle entre tus piernas, y la tela de la braguita se deforma en el libidinoso deambular de la mano. Te miras de reojo en el espejo y vuelves a cerrar los ojos cuando llevas tú otra mano a la espalda y como el explorador perdido se escurre entre tus nalgas buscado encontrarse con la otra mano al final de su camino.
Se agita tu respiración, unas gotitas de sudor rezuman sobre tu labio superior, y a pesar de que tu boca se aprieta con fuerza no puede evitar que un gemido escape de tus labios. Se retuerce tu cuerpo mientras tus manos escarban en el pozo del placer y sientes una palpitación que se irradia por tus venas recorriendo brazos y piernas hasta alcanzar tus dedos, sube por tu espina dorsal hasta penetrar en mente, hasta provocar un estallido que se derrama entre tus dedos.

Abres los ojos sorprendida cuando otras manos se posan sobre tus pechos y mi voz susurra en tu oído derecho: "¿Necesitas ayuda?", y cuando se cruzan nuestras miradas en el espejo contestas: "Te necesito dentro, ahora mismo".
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-- Visión --
Publicado en:15 Enero 2020 9:54 am
Última actualización en:3 Marzo 2020 3:27 pm
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-- Visión --

¡Qué visión! He entrada en tu dormitorio y te he encontrado sentada sobre tu cama en posición de meditación, sentada con las piernas entrecruzadas y los ojos cerrados. Aunque tu rostro ahora relajado parece indicar otra cosa, el cabello todavía húmedo y ligeramente desordenado cayendo sobre tus hombros desnudos te delata. Has debido tener un día, si no largo, al menos pesado que solo podías reparar con un baño purificador. Solo con despojarte de toda la ropa y dejar correr el agua por tu cuerpo desnudo, sentir cada gota deslizarse por tu piel arrastrando un "nosequé" invisible es como un elixir mágico, un reconstituyente del alma y el espíritu.

Ahora, limpio y recuperado, en la penumbra refulge como una luciérnaga en la noche, irradia serenidad, hermosura, una luz interior. Me quedo en silencio, sin perturbar tu paz, deleitándome con esta visión y exploró tu cuerpo desnudo, así como estás sentada completamente desnuda ofreciendo tu belleza al natural. Tus rostro, sereno, en el que destacan tus labios solo perturbables por un dulce beso. Tus pechos por los que todavía resbalan algunas gotas que escurren desde tu cabello , encerrados entre tus brazos, se acomodan entre sí dibujando el profundo y hermoso valle que tanto me deleita, y resaltando sobre su volumen me sorprenden tus pezoncitos oscuros y erizados. ¿Algo pasa por tu mente? Tu cuerpo reposa con placidez sobre tus caderas a su libre albedrío mientras tus piernas que se entrecruzan acogen a tus brazos como la estatua de un buda. Y entre tus piernas tu pubis resalta como la única flor en el invierno de un jardín, delicadamente rasurado para la ocasión, refulgente en su tersura. Con la capacidad de atracción de un agujero negro, y sin embargo brillante, luminoso. Y entre los labios se aprecia el brillo de unas gotas que fluyen y se derraman. Algo pasa por tu mente.

Cuando abres tus ojos alertada por la sensación de una presencia cercana, mis labios se pegan a los tuyos y mis manos rompen la barrera invisible que protegía tu calma y sienten el tacto de tu piel, sobre tu cuello, sobre tus pechos, sobre tus piernas, entre tus piernas...
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-- Amanece --
Publicado en:16 Deciembre 2019 4:01 am
Última actualización en:17 Abril 2020 9:30 am
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-- Amanece --

Amanece.
Despacio aunque con urgencia, un tanto torpe, me levanto en la penumbra y me dirijo a tientas hasta el baño evitando hacer ruido y mover las sábanas.
Cuando regreso el amanecer se cuela por la ventana, y baña con su luz la cama. Y sobre la cama, apartadas a un lado las sábanas, yace tu cuerpo desnudo refulgiendo bajo esos rayos de sol que allanan el dormitorio y buscan profanar tu cuerpo. Los ojos cerrados pero en tus labios, que todavía conservan parte del rojo intenso que los vestía anoche, una sonrisa ilumina tu rostro.

Me detengo en el umbral de la puerta para disfrutar de esta visión inesperada, a contemplarte, recorrer con mi mirada tu cuerpo como lo harían mis manos, como desean mis labios. La redondez de tus pechos que unos horas antes amasaba entre mis manos, tus pezones ligeramente oscurecidos contrastando con la palidez de tu piel y que mientras anochecía saboreaba erizados entre mis labios y los sentía enardecerse aun más. Y al igual que las yemas de mis dedos recorrían anoche tu vientre en su ruta descubridora, mis ojos dibujan círculos alrededor de tu ombligo antes de perderse entre tus piernas

Y mi cuerpo se despierta con este amanecer, con la contemplación de tu cuerpo, y reacciona excitado al pensamiento de deseo que inunda mi mente. Me acerco hasta la cama y me acomodo a tu lado, sintiendo el tacto de tu piel.
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-- Seducción --
Publicado en:16 Deciembre 2019 3:58 am
Última actualización en:3 Marzo 2020 3:27 pm
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-- Seducción --

Impaciente, estaba revisando en mi teléfono si tenía algún mensaje tuyo y no te he visto llegar, y de pronto al levantar la cara te he visto. La melena suelta cayendo sobre tus hombros, tu mirada, a la vez dulce e intensa, que inmediatamente has dejado caer sobre mí, y tu cara iluminada por una pícara sonrisa. Sólo podías ser tú.
Todavía no nos habíamos conocido en persona y habíamos preferido mantener la sorpresa final de descubrirnos las caras, a pesar de haber intercambiado casi medio centenar de fotos además de las que tu publicabas regularmente en tu blog, pero indudablemente aquella mujer que veía llegar sólo podías ser tu. Como te diré más tarde, con una apariencia más joven que tu ya confesada edad, el conjunto que has elegido para esta misteriosa cita no hace sino resaltar aún más tu figura, sensualidad y belleza natural. De color azul rey, elegante, no sencillo sino sobrio con un toque justo de sofisticación. La falda muy ceñida a la cintura, sin oprimir, se ajusta a tus caderas delineando tu silueta por encima de la rodilla.

Los zapatos de tacón alto, sin adornos pero sublimes en la sencillez de su forma, que aun sujetándolo con firmeza parecen dejar el pie casi al desnudo, y alargan y embellecen tus piernas que cubres con unas ligeras medias red. Cuando tomes asiento y cruces las piernas, una sugerente abertura en el lateral de tu falda me descubrirá que sujetas las medias a mitad de muslo con un liguero. El día soleado ha hecho subir la temperatura y traes la chaqueta recargada en tu brazo, destacando tu blusa entallada. Una blusa sin mangas, blanca inmaculada, de cuello en uve con el último botón suelto para contener el arranque del largo valle del escote que forman tus pechos, que seguro ha cautivado miradas desde que salieras de tu casa. Sólo verte aparecer ha provocado que mi pulso se acelere y casi puedo sentir el torrente acelerado de sangre recorriendo mi cuerpo, mis mejillas enrojeciéndose e incluso que un testigo incomodo haya comenzando a brotar bajo mi pantalón.

Yo, como me comprometí para que no hubiera dudas, he venido con un traje claro, corbata de lazo, y mi sombrero panamá de color tostado y cinta café que ahora descansa sobre la mesa. Algo habitual en mí. Seguro que también atrayendo alguna mirada aunque en mi caso probablemente por lo poco usual o extravagante del atuendo con toques decimonónicos.

Para superar mi timidez, mi estado de excitación y no parecer embobado, arranco una conversación en modo automático, con coherencia aunque algo insustancial y sin almacenar resultados, y probablemente hablo demasiado sin ser consciente de ello, porque mis sentidos están atrapados por tu presencia, y tratando de captar toda tu esencia que me tiene atrapado.

Y tu, que has venido a seducirme, si me preguntaras en este instante te confesaría que ya lo has logrado, pero me guardas un par de sorpresas antes de que nos retiremos. En un momento, te disculpas y te ausentas un momento, "al tocador" me dices con discreción y elegancia, "pero no te escapes" terminas, alargando una mano y acariciando mi barba. Sigo con la mirada tu cuerpo contonearse mientras te alejas, y me quedo mirando el mismo punto por el que desapareces esperando verte reaparecer y regresar con el mismo cimbrear de caderas.

Al regresar caminas con más lentitud, voluptuosa, recreándote en tu movimiento, y descubro que deliberadamente has dejado abiertos más botones de lo exigido por la castidad para destacar el largo valle del escote que forman tus pechos, y te sonríes y me sonríes, al ver mis ojos perderse en la profundidad de ese valle, en la rotundidad de tus pechos apretados entre sí. Cuando llegas a la mesa no te sientas en tu silla, sino que sigues hasta mi y te agachas para susurrarme algo al oído, regalando a mis ojos el movimiento pendulante de tus pechos gravitando al inclinarte hacia mi. "Abre la mano", me susurras. Nada más abrirla, con tus manos deja algo en la mía, y la cierras con rapidez. "Es un regalo. Solo para tí" , me dices. Y ahora sí vuelves a tu silla y te quedas mirándome, mordiendo una uña entre tus dientes a la espera de mi reacción. Todavía en mi regazo, entreabro la mano y descubro un pedazo de tela con encaje. La cierro, y la llevo hasta mi nariz, donde la vuelvo a entreabrir e inspiro profundamente. Tu aroma más íntimo, tu aroma más tuyo, me inunda por dentro y una ola de deseo rompe contra mi mente como un tsunami.

"Alguno de mis sentidos está celosos", te digo. Sonríes ligeramente, y sin quitar el dedo de tu boca, contestas con una pregunta: "¿Celosos de quién, de qué?". Mi oído se han encandilado con el susurro de tu voz, mis ojos están fascinados con tanta sensualidad, mi olfato se acaba de quedar prendado de tí" contesté, "Me vas a tener que dejar probar el manjar que se oculta tras este aroma, y mis manos ya sueñan con el roce de tu piel" Soltando tu dedo, lo dejas resbalar por tu pecho hasta engancharse con el borde de la blusa, y estiras la tela descubriendo aun más uno de tus pechos, bajando la mirada contestas: "¿Esta piel? ¿Y cómo la rozarías?". "Esa, y la que todavía esconde, con los labios, suavemente, con mi lengua, con las yemas de mis dedos, y con toda la mano.." En ese momento tu mano se abre, y agarra y aprieta el pecho por encima de la blusa: "así, ¿quizás?" me susurras. "era rozando la piel" te recuerdo, "sería por debajo de la blusa". Cruzando por encima del escote deslizas la mano acariciándote hasta agarrar el otro pecho por debajo de la blusa. "¿Ahora mejor?" susurras de nuevo. "se va pareciendo", te respondo, "pero quizás quieras que te muestre como exactamente, y si te gusta podemos seguir luego con el sentido del gusto". Con la conversación subiendo de tono tus mejillas se enrojecían, y yo sentía la sangre acelerarse en mi cuerpo. "¿Ahorita mismo?" dijiste con tono pícaro. "Cuando me des tu permiso" replique con rapidez y ansiedad por tu permiso, pero sin perder cortesía y respeto. A lo que respondiste con un gesto al mesero para que trajera la cuenta. En menos de dos minutos había saldado la cuenta y caminábamos rumbo a tu coche. Llevaba mi mano izquierda en el bolsillo apretando tu regalo en mi mano, y tu ibas cogida de mi brazo derecho que te había ofrecido gentilmente como un caballero antiguo, apretando tu cuerpo contra el mío.

Subimos a tu coche, donde al sentarte tu falda se remanga ligeramente mostrando tus muslos hasta el encaje de las medias, y la raja de tu falda descubre la pierna hasta el liguero. Pura lujuria y seducción para mis ojos al entrar en el coche que no pierden detalle y recorren la visión de tus piernas desde los tobillos hasta la frontera marcada por tu falda, y tus movimientos al acomodarte en el asiento. Se sumergen en el valle de tu escote, más voluptuoso si cabe desde el ángulo elevado, y después buscan tu mirada.
- ¿Te vas a quedar mirando toda la tarde? - me dices cruzando con mi mirada la tuya - se me ocurren mejores planes que ser la víctima de un voyeur.
- Discúlpame, no he podido evitarlo, no siempre se tiene la oportunidad de una vista tan hermosa y sensual - contesto atropellando mis propias palabras. Y sin más palabras me introduzco en el coche y me acomodo en el asiento del copiloto de medio lado para seguir mirándote.
- Si solo te quieres quedar con el comienzo, está bien - replicas con picardía, mientras tomas mi mano y la llevas a tu pecho - pero creí que habías dicho algo de seguir por aquí.
Mi mano se agarra a tu pecho y se desliza por debajo de tu vestido y sujetador hasta abarcarlo por completo. El dedo pulgar encajado en el valle de tu escote, entre los dos pechos, y el resto de la mano conformando tu pecho izquierdo, como si pudiera darle una imposible forma más perfecta, sintiendo como se adapta a la presión de mi mano, su peso, su volumen, y el cambio de textura del pezoncito y la areola que siento ya excitados. Cierras los ojos y entre tus labios escapa una mezcla de suspiro y gemido mientras dejas que mi mano juguetee bajo tu ropa, y consientes que abuse de tu pecho y por primera vez sienta el calor de tu cuerpo en mi mano. Acerco mis labios a tu cuello y cuando sientes el beso en tu piel, te estremeces ligeramente.
- Se siente delicioso, pero me vas a tener que soltar para que pueda manejar sin que nos detenga una patrulla - dices abriendo los ojos y deteniendo por un momento la magia del instante
- Pondré cara de poker para disimular mi excitación - contesto mientras recobro la compostura y cubro con mis manos un creciente bulto en la entrepierna de mi pantalón.
Durante el trayecto no nos decimos nada y solo se escucha la música de tu radio, aunque no dejamos de cruzar las miradas y has dejado que mi mano viaje sobre tu pierna abrazada como un náufrago a la única tabla que será su salvación. Después de estacionar el vehículo en tu casa, a salvo de miradas indiscretas, y tras detener el motor te has girado hacia mí y deslizando un dedo por tu escote me dices: "¿vas a querer más?". Pero antes de que conteste, apagas mis labios con ese mismo dedo y bajas del coche, caminando sin esperarme hacía la puerta. Y antes de bajar, deleito la mirada con el seductor cimbrear de tu cuerpo al compás de sonido de tus tacones.

Te sigo con la mirada hasta que desapareces tras el umbral de la puerta que dejas abierta para mi, y al desvanecerte tras la sombra de la puerta bajo del coche y salgo en tu busca, sin todavía comprender como no he salido junto a ti. Apenas cruzo la puerta mis pies se enredan con algo, y al agacharme y recoger descubro que es tu falda, lo que impulsa aún más mi deseo por encontrarte de nuevo.

"Cierra cuando entres, y pasa", escucho que dices desde algún lugar al fondo del pasillo. Cierro la puerta, y con la falda en la mano camino por el pasillo hasta una puerta abierta guiado por el ligero taconeo mientras te mueves por la habitación. Cuando entro te veo de espaldas quitándote la blusa blanca, que se desliza por tu espalda hasta caer al suelo destacando la palidez de tus nalgas en contraste con el liguero y las medias que las enmarcan. Me acerco hasta ti, poso mis manos en tus caderas y dibujo la redondez de tus nalgas con mis manos y me arrodillo para depositar mis labios en tu cadera, bordeando la línea del liguero, y bajo por el meridiano que bordeando tus nalgas llega hasta el broche que sujeta las medias, sintiendo el calor de tu piel en mis labios, mientras mis manos recorren tus piernas, hasta los tobillos, y las tornean como el alfarero hace con el barro virgen.

Te giras entonces sobre ti misma hasta dejar tu pubis frente a mi cara, y acaricias mi cabeza con tus manos invitándome suavemente a pegarme a ti. La fragancia que sentí cuando me regalaste tus braguitas, tu fragancia más intima, ahora más intensa y profunda me envuelve de nuevo, y mientras hundo mi rostro entre tus piernas cautivado por la fragancia y el sabor de tu dulce néctar, mis manos suben y regresan hasta tus caderas, y se aferran a tus nalgas, las aprietan con pasión. Sientes mi boca, mi lengua, deslizándose entre tus labios, saboreándote, empapando mi barba de tus jugos más sagrados y tu cuerpo palpita al contacto de mi boca, y un escalofrío recorre tu espalda hasta clavarse en tu mente.

Con un leve gesto me invitas a incorporarme, y mientras con una mano buscas desabrochar mi camisa, la otra en mi entrepierna calibra el grado de excitación extrema que has provocado en mi. Tras desprenderme de la camisa, mis manos se deslizan sobre tus hombros y apartan los tirantes, y de ahí a tus pechos dejándolos libres.

Mis manos los acarician, se encaprichan de su volumen y su forma que se adapta a mis manos. Los amaso con pasión y excitación, y siento tus pezones erizándose entre mis dedos, al contacto de mis labios, de mi boca, mientras la fragancia de tu piel me inunda. Entonces tus dos manos en mi cintura nos equilibran a los dos, desabrochan el cinturón, abren el cierre, buscan y liberan mi gran erección, que tomas entre tus manos y acaricias mi sexo excitado por ti. Después empujan pantalón y boxer hacia los pies hasta dejarme desnudo.

Empujo tus caderas para hacerte girar hasta darte la vuelta, y te veo reflejada en el cristal de una ventana. Me deleito contemplando por un momento tu silueta, tus nalgas enmarcadas por el liguero y las medias, y me acerco más a ti. Mis labios sobre tu cuello, y mis manos desde tu cintura bordean la frontera entre tu piel y el liguero hasta alcanzar tu vientre y lo acarician en caprichosos círculos hasta topar con tus pechos que estaban deseando ser el centro de atención de mis manos otra vez. Y mientras mis manos se embriagan con tus pechos, me pego a ti, sientes mi pecho pegado a tu espalda y mi erección entre tus nalgas. Entreabres las piernas y a tientas tus manos empujan mi polla hasta perderse entre tus piernas y acariciar los labios de tu coñito excitado, entonces comienzas a menear levemente tus caderas y en el vaivén tus labios húmedos se entreabren cuando siente la erección deslizándose y abriéndose paso entre ellos.
Te acompaño en el movimiento, y mis manos se agarran a tus caderas, a tus piernas para acompasarnos y hacerlo más intenso.
- Quiero sentirla toda - me dices, mientras te escapas hacia la cama - dentro de mi - y de rodillas hundes tu cara sobre la almohada arqueado el cuerpo, y me ofreces una increíble visión de tu culo en pompa y tu coño abierto. Sin decir nada te sigo, me acerco a ti por detrás, mis manos acarician tus piernas subiendo desde los tobillos, recorriendo los muslos, hasta cambiar el tacto de las medias por tu piel. Un leve gemido, como un suspiro, escapa de tu boca cuando sientes tus labios abriéndose con mi polla penetrándote muy despacio. Y yo siento el calor de tu cuerpo recibiéndome, la humedad de tus jugos mientras me deslizo dentro de ti. Mis manos buscan tus caderas, tus nalgas, y soy yo ahora el que inicia un movimiento de vaivén, y sientes como entro y salgo dentro de ti.
Tus pechos a merced de la gravedad pendulean sintiendo el roce contra las sabanas de los pezones enardecidos. En cada embestida, te sientes llenar, te sientes acariciada en tu interior, y como un relámpago se inflama tu clítoris y una ola recorre tu espalda hasta golpear en tu cabeza. Tu respiración se acelera, tu piel se eriza, un jadeo, un gemido constante llega hasta mis oídos, y tu cuerpo que se retuerce y pega tus nalgas contra mi transpira pasión por sus poros, hasta que una electrizante pulsión entrecorta tu voz, y hace temblar tu cuerpo, te inyecta una onda de placer que viene y va a lo largo de tu cuerpo. Un placer contagioso que obliga a mis manos a retorcerse en tu cuerpo cuando un rayo similar recorre mi cuerpo, lo hace golpearse contra tus nalgas con más energía, y sentir indescriptibles sensaciones hasta vaciarse dentro de ti.

Extasiados nos dejamos caer sobre el lecho, los cuerpos sudorosos, jadeantes todavía, la piel erizada, los mezcla de fluidos que se abre paso y se derrama y escurre por tu pierna. Tu pecho agitado que entrecorta tu respiración y todavía deja escapar un suspiro, un gemido, aquí y allá. Tu mano busca tu pecho para sentir el intenso latido de tu acelerado corazón, pero antes se topa con tus pechos, los acaricias, los sientes apretados, sensibles, coronados por tus pezones que se muestran prietos y apretados sobre sí mismos.

Me das la espalda, y ligeramente separado de ti contemplo fascinado la redondez de tus nalgas, tus caderas, tus piernas todavía embutidas en las medias. Mis manos dibujan tu silueta y aprovechan para soltar el broche del liguero y empujar las medias hasta dejar tus pies desnudos, acariciando, sintiendo cada centímetro de tu piel erizada. En el viaje de regreso una mano se pierde entre tus piernas, busca el manantial que humedece tus muslos e impregnada de tu esencia la lleva hasta mis labios. Y con ese intenso sabor, mi cuerpo busca el tuyo, se acomoda contra ti, se curva y se enrosca a tu alrededor, mi boca sobre tu cuello, tus hombros, y mis brazos me abrochan a ti, una mano sobre tus pechos y la otra sobre tu pubis sellando el momento. Poco a poco, nuestras respiraciones se acompasan y al unísono van recuperando un ritmo más pausado casi invisible.
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